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¡Cuéntame tu vida!

4 noviembre 2020

Adriana Ochoa

Cierto día, durante una clase de educación en la fe,  pregunté a mis alumnos:

- ¿Sabían que también ustedes pueden ser santos?
- ¿Santos?, ¿nosotros? ¡Por supuesto que no, maestra! ¡No podemos! 

Su respuesta me entristeció. Me di cuenta que mis alumnos pensaban que los santos fueron personas perfectas, que hicieron todo bien, y que no tenían defectos, ni pecaron. 

Les expliqué que los santos fueron seres humanos con problemas y temperamentos fuertes, pero supieron aprovechar las dificultades, convirtiéndolas en oportunidades para amar a Dios y a los demás, aportando algo bueno a las personas de su época.

¿Has pensado que leer vidas de santos a tus hijos y a tus alumnos es una forma de despertar en ellos el deseo de grandes ideales? El deseo de santidad se va gestando en la infancia, alrededor de los diez años, cuando el niño empieza a preguntarse acerca de sus aspiraciones en la vida.

El Papa Francisco nos invita a considerar la santidad como un regalo que Dios quiere dar a todos sus hijos: 

«Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personale» (Gaudete et Exsultate, 14)

Viviendo de esta manera, congruente con tu fe y tus valores, seguro inspirarás a tus hijos o alumnos a decirte: Cuéntame tu vida.

¡Prepárate!, porque muy pronto, en Editorial Progreso- Grupo Edelvives, te presentaremos la serie Cuéntame tu vida, para que descubras, de manera  amena y divertida, la vida de santos como: Marcelino Champagnat, Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Juan Pablo II, Francisco y Clara de Asís.